¿Qué tienen en común tu barriga y mi tarjeta de crédito?

Mi tarjeta de crédito es fantástica. Gracias a ella puedo hacer compra por mas que no tenga efectivo. Eso, a final de mes, se agradece.
¿Qué mi hija necesita zapatos nuevos porque el pie le ha crecido? Tarjeta de crédito. Que se acerca un fin de semana largo y queremos pasarlo fuera de la ciudad? Tarjeta de crédito. ¿Se rompe la lavadora? Tarjeta de crédito. Magia.

Lo malo es que no es magia, y el dinero no me lo está regalando mi banco, que se ha vuelto generoso. O voy pagando religiosamente las cuotas de la tarjeta de crédito, o la deuda crece y crece…
Vale, hasta aquí de acuerdo. Pero eso no es lo que te interesa a ti. Tú quieres saber qué demonios tiene todo eso que ver con tu barriga. Iré a eso más adelante. De momento, seguimos con la economía.

En estos momentos, yo tengo un saldo mensual, que es mi sueldo. Si gasto menos de lo que gano, se convierte en ahorros. Si gasto más, se convierte en deuda.
Y además de eso, también tengo un saldo de calorías. Si tomo menos de las que gasto, adelgazo. Y si tomo más, engordo. El proceso es algo (bastante) más complejo que eso, pero creo que simplificar las cosas puede darnos claridad.

Normalmente, intento vivir dentro de mi saldo, tanto económico como calórico. Pero siempre están los imprevistos. Los imprevistos económicos ya los mencioné arriba. ¿Y los imprevistos calóricos? Pues pueden ser unas vacaciones en Italia, donde se come estupendamente, o una fiesta de cumpleaños, que no pienso amargarme vigilando lo que como.

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Que Tienen En Común?

Lo que tienen en común tanto uno como el otro, es que ambos son deuda. Los gastos extra se acumulan como deuda en mi tarjeta de crédito. Y las calorías extra se acumulan como deuda en mi barriga.
Si vuelvo a pagar la deuda antes de ésta crezca, casi ni se nota. Lo malo es cuando la deuda se acumula… eso sí es un problema.

Si la deuda se acumula en mi tarjeta de crédito, ésta crece y crece hasta el infinito (o hasta el límite que me ha puesto mi banco). Si la deuda se acumula en mi barriga, éste sí que crece y crece hasta el infinito y más allá.
Y eso me ha pasado durante años. He vivido por encima de mis posibilidades calóricas.

En momentos puntuales vivía periodos de austeridad (llamémosla dieta), en que reducía considerablemente mi deuda calórica, y el tamaño de la barriga. Pero cuando pasaba la austeridad, volvía la alegría, y de nuevo empezaba a vivir por encima de mis posibilidades calóricas. Receta para el desastre.

Si tienes sobrepeso, es que tú también has vivido por encima de tus posibilidades calóricas. Ahora toca pagar la deuda…

¿A cuanto asciende tu saldo de calorías?

Depende de muchos factores: tu altura, sexo, edad, nivel de actividad, masa muscular. Existen fórmulas que lo calculan. Pero no tiene por qué ser necesario.

De igual modo, existen numerosas herramientas para controlar al milímetro tu economía, que serán utilísimas en una empresa, pero para mi hogar, no me merece la pena tanto trabajo. Me basta con estimar lo que gasto. Si la deuda no se acumula, es que lo estoy haciendo bien. La deuda calórica también es bastante obvia si acumulas demasiada.

Si tu quieres calcularlo al milímetro, adelante. Tanto tu economía doméstica como las calorías que ingieres y quemas. Pero para mi, en estos momentos, me supone demasiado trabajo, y prefiero no tener que hacerlo. He logrado perder peso sin tener que hacerlo, y ahora me puedo mantener sin que esto implique un trabajo extra como contable de calorías.

Como en el mundo de la economía, existen ricos y pobres. Los hombres altos, jóvenes, activos y con mucha masa muscular tienen un saldo mayor de calorías que las mujeres bajas, mayores, sedentarias y con poca masa muscular. Ellos pueden comer mucho más que estas últimas sin generar la más mínima deuda (aka barriga). Suertudos ellos.

Podemos incidir en algunos factores: aumentar el nivel de actividad y seguir un buen programa de fuerza que genere masa muscular puede aumentar nuestro saldo de calorías, lo que se traduce en que podríamos comer un poco más sin engordar. Sería como un (pequeño) aumento de sueldo.De repente puedo gastar más sin acumular deuda.

Pero hay factores en que no podemos o no merece la pena incidir: en estos momentos no estoy interesada en un cambio de sexo… a mis años dudo que crezca algún centímetro más… y el factor edad juega en mi contra año tras año…

Así que tengo que aprender a vivir dentro de mi saldo de calorías. Por suerte, no es difícil, si tienes los conocimientos adecuados.
Cuando creía que comer cada dos o tres horas era importantísimo para adelgazar, y que saltarte una comida apagaría mi metabolismo para siempre, era tremendamente difícil vivir dentro de mis posibilidades calóricas. Es como intentar ahorrar teniendo un agujero en el bolsillo por el que se te esta cayendo el dinero todo el tiempo.

Desde que sé que no es necesario comer continuamente, es mucho más fácil compensar los excesos, pagando mi deuda antes de que esta se acumule. A veces incluso puedo ahorrar para un gasto extra, de modo que no genero deuda. Si sé que por la noche tengo una cena importante donde no puedo (ni quiero) vivir austeramente (por ejemplo, la cena de Nochebuena) ahorro activamente ayunando ese día, de modo que es muy difícil que me pase del saldo diario por mucho que coma.

En cualquier caso, el saldo no tiene que estar equilibrado todos los días. Como en la vida, habrá días en los que será muy fácil ahorrar calorías, y otros en los que es más divertido gastarlas. No pasa nada, siempre que pagues la deuda a tiempo y no se acumule. Lo importante, tanto en tu dieta como en tu economía, es lo que sucede a largo plazo, no lo que pase un día puntual.

Así que, a partir de ahora mira a tu barriga como mirarías los números rojos de tu cuenta bancaria. Paga la deuda con un poco de austeridad… y luego intenta vivir dentro de tus posibilidades calóricas.
Espero que este símil te haya aportado un poco de claridad.

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